Un beso a tiempo ... A Ayla

El color blanco es como el aroma de un lirio y el amor ... el amor es azul...o doloroso. La última vez que lloré un poco pudo haber sido aquel día, hace casi 3 años, cuando la escuché llorar. Y eran lágrimas de alegría de verla nacer, porque de otro modo, el llanto se apega al anonimato, a la no existencia. La no existencia puede dejar vacíos efímeros si no se maneja con cautela.
Desde entonces, desde su nacimiento, siempre ha habido un beso a tiempo, de esos que no se dejan esperar para momentos especiales ni mucho menos, sino al instante, cualquier instante y eso es un punto a favor que deberían anotar los candidatos a padres. Anoche...el llanto se quiso apegar al anonimato y lo hice arrancado de un tirón con la fuerza bruta que solo dan los años vividos, violentamente, decidamente, con furia, con egos despedazados por la impotencia, dejando a un lado lo presumido, lo arrogante, lo pretensioso, dejando de lado toda forma humana, pero como siempre, sin que nadie se percatara de ello.
Lloré cuando la escuché llorar. Y eran lágrimas de dolor. Pensé en el beso a tiempo, en las caricias constantes y en el despertar de cada día, todo en su justo lugar, luego me acerqué y repetí la dosis y en medio de su insoportable dolor Ayla sonrió. Por un instante pensé que solo se trataba de una pesadilla, luego entendí, como buen entendedor, que yo nunca tengo pesadillas por lo tanto eran realidades casuales.
Aprendí a hacer malabares más allá de lo cotidiano, una mueca, una canción, saltar hasta el techo, pararme de manos y ocultarme en su camita con tal de que sonría, con tal de que olvide la olla caliente y no la sienta en su cuerpecito. Ayla me mira como lo hace siempre, con su mirada serena, con sus manos blancas y su perfume infantil. Al descubrir mi sonrisa supone que todo marcha bien, no hay de qué preocuparse y estoy seguro de que aquel beso a tiempo, aquella caricia y aquel despertar de tantas veces juntitos en la cama están presentes también en sus recuerditos y eso nos hace cómplices, amigos, amantes y nos ayudan a soportar el ingrato dolor: el de ella en su cuerpecito donde duele hasta el cielo y el mío en el alma, donde también duele tanates. SE LOS JURO!!


